Enrique Pinti, el humorista de raza y el entrañable charlatán que nos enseñó a reírnos de nuestras desgracias
Esta madrugada murió un autor, agudo observador de la realidad, un actor. Con su talento logró el aplauso del público y el respeto de sus colegas. Sus propuestas teatrales registraron récords de permanencia en las carteleras y su talento en el escenario jamás fue discutido. Su éxito no fue azar sino producto del amor y el respeto que siempre sintió por su profesión.

Enrique Pinti nació el 7 de octubre de 1939 en una familia de orígenes diversos. Su papá trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas, pero su mamá había tenido una muy buena situación económica. Su abuelo materno vino de Italia en 1898 y “ya tenía plata”. Tuvo una finca con bodega en Mendoza y le regaló a su hija un petit hotel de 14 habitaciones en el cruce de Entre Ríos y Brasil. Allí creció Enrique, y contaba que de chico era “totalmente sociable” y agregaba con humor: “Pero no me dejaban salir a la calle, y como tenía una casa grande, decían: ‘No entiendo por qué tenés que juntarte con esos vagos del conventillo de enfrente; invitá a los compañeritos del colegio’. De los cuales tres vivían en el conventillo de enfrente”.

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